Día 1
Por Joel Ventura 🇦🇷
La verdadera paz llega cuando dejamos nuestras expectativas a un lado y transitamos la aventura de seguir a Jesús.
Hay eventos que marcamos en el calendario con mucha anticipación. Cada día que pasa tachamos un casillero hasta que llega la fecha apuntada en la agenda. Desde un primer momento comenzamos a imaginarnos como será todo, vamos coloreando en nuestra mente cada detalle, cargando el evento con nuestros anhelos, pensamientos y expectativas.
Durante al menos 1400 años los Israelitas estaban a la espera de un evento marcado en su calendario; la llegada del Mesías. Con cada generación que pasaba iban construyendo un Mesías conforme a sus gustos y preferencias, lejos de lo que estaba profetizado, y aún peor, lejos de lo que era bueno para ellos.
Cuando comenzamos a transitar la adultez, nos encontramos llenos de preconceptos, ideas y aspiraciones acerca de la vida y, a medida que pasan los años, tenemos que lidiar con expectativas frustradas, propias y ajenas.
Es por eso que son comunes pensamientos tales como; "a esta edad ya debería haber terminado mi carrera"; "a esta altura tendría que tener un trabajo estable"; "encontrar al amor de mi vida"; "desarrollar mi llamado"; "formar una familia"; "tener un auto, una casa o vivir solo", en fin… No paramos de compararnos con nuestros pares, nuestros padres y nuestras expectativas.
Al igual que el pueblo de Israel, Jesús, el Mesías, también tenía sus propias expectativas. Lucas nos cuenta que mientras Jesús se acercaba a Jerusalén, vio la ciudad y lloró diciendo: "¡Como quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos". Lc. 19:41 NVI.
La buena noticia es que hoy sí podemos gozar de toda la paz que Jesús nos vino a dar. Nosotros tenemos la llave para permitir que Él haga una verdadera entrada triunfal en nuestras vidas. Aprovechemos esta semana para abandonar las expectativas vacías y abrir nuestro corazón para conocer al verdadero Jesús, quien nos llena de paz y libra de la frustración.
¿Qué frustraciones estás atravesando? ¿Estás dispuesto a que Jesús te libre de la presión social, familiar y personal? Él quiere ser tu paz y hacer que vivas una vida en plenitud y gozo.
Jesús, hoy puedo ver con mis propios ojos que viniste a traer paz, esperanza y futuro a mi vida. Pero me cuesta mucho quitarme la presión que siento sobre mis hombros. En este momento quiero conocerte sin preconceptos. Entrá en mi vida y llevate todas mis cargas, las dejo en tus manos. Amén.
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