Día 5
Por Leo Barreto 🇦🇷
Si supieras que te quedan solo 24 horas de vida, ¿qué harías?
Es una pregunta fuerte, pero también muy reveladora. Probablemente pensarías en las personas que más amas, en las conversaciones que todavía quisieras tener o en los momentos que te gustaría compartir con quienes son importantes para ti.
Jesús sabía que sus últimas horas estaban cerca. Sabía que venía la traición, el dolor y la cruz. Sin embargo, en lugar de aislarse o apartarse para enfrentar todo eso solo, decidió reunirse con sus discípulos y sentarse a la mesa con ellos.
El evangelio de Juan resume ese momento con una frase poderosa: "Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin." (Juan 13:1).
En medio de la tensión y del dolor que sabía que vendría, Jesús eligió estar acompañado. Compartió una comida con sus amigos, conversó con ellos, les lavó los pies y les recordó cuánto los amaba. Incluso en el momento más oscuro de su camino, no decidió caminar solo.
Esa escena nos enseña algo muy profundo sobre la vida de fe. Muchas veces, cuando atravesamos momentos difíciles, nuestra primera reacción es encerrarnos en nosotros mismos. Preferimos callar, ocultar lo que sentimos o intentar resolver todo por nuestra cuenta. Pensamos que nadie entenderá lo que estamos viviendo o que es mejor no cargar a otros con nuestras luchas.
Pero Jesús muestra otro camino.
En esa misma noche, mientras compartía la mesa con sus discípulos, les dejó un mandamiento que sería la marca distintiva de sus seguidores: "Ámense unos a otros. Como yo los he amado, también ustedes deben amarse. De este modo todos sabrán que son mis discípulos." (Juan 13:34–35).
No se trata de un amor superficial o de relaciones que solo funcionan cuando todo está bien. Jesús hablaba de un amor que permanece incluso en los momentos difíciles, un amor que acompaña, sostiene y apunta siempre hacia Dios.
La comunidad cristiana está diseñada precisamente para eso: para caminar juntos. Para tener personas que puedan escuchar, orar contigo, animarte cuando estás cansado y recordarte la verdad de Dios cuando te cuesta verla.
Tal vez hoy estás enfrentando ansiedad, presión, dudas sobre el futuro o luchas que nadie más conoce. Jesús no eligió la soledad en su hora más difícil. Y tú tampoco tienes que hacerlo.
¿Sueles enfrentar tus luchas solo o permites que otros caminen contigo?
¿Tienes amigos que te animen a acercarte más a Jesús?
¿Cómo puedes ser hoy un amigo que refleje el amor de Cristo?
Jesús, gracias porque nos mostraste un amor que permanece hasta el final. Ayúdame a no aislarme cuando estoy atravesando momentos difíciles. Guíame hacia personas que me acerquen más a ti y enséñame también a ser un amigo que refleje tu amor en la vida de otros. Amén.
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