Día 4
Por Naomi Terrazas Saavedra 🇧🇴
¿Sabías que Jesús decidió invertir su tiempo y confiar en un grupo de jóvenes? Uno de ellos fue Pedro, alguien con un carácter fuerte, decidido, pero también lleno de dudas. Aun así, Jesús lo eligió y lo convirtió en uno de sus amigos más cercanos.
Pedro vivió momentos únicos con Jesús. Fue llamado a orar y velar antes de la cruz, fue testigo de su gloria y también estuvo sentado a la mesa con Él en sus últimas horas. Jesús confió en Pedro, y Pedro respondió prometiendo que estaría hasta el final, que incluso daría su vida si fuera necesario.
Pero cuando llegó el momento difícil, nada de eso pasó. El miedo fue más fuerte. La presión lo superó. Y Pedro terminó negando a Jesús.
¿Alguna vez te pasó algo así? Prometiste algo, alguien confió en ti… pero cuando llegó el momento, no pudiste cumplir. Seguramente sí.
Lo más fuerte de esta historia es que Jesús no se decepcionó de Pedro. Pero Pedro sí se decepcionó de sí mismo. Porque entendió que no se conocía tanto como pensaba, y que su carácter todavía necesitaba ser formado.
Y ahí hay algo clave para nosotros: la vida no se trata de intentar agradar a todos, sino de desarrollar un carácter que realmente honre la manera en la que vivimos.
Dios nos da una identidad, nos acompaña y jamás se decepciona de nosotros. Un amigo debe ser fiel, llevarse la corona de la confianza, pero no esperes acciones de los demás sin haberte desafiado a ti mismo a ser digno de confianza.
Si viviste una traición al igual que Jesús, de uno de tus amigos más cercanos, hoy decide perdonar. Recuerda que el perdón más que una acción para la otra persona, es una llave de un candado de tu corazón. Y si en alguna ocasión perdiste la confianza de alguien a través de la decepción, permite que el perdón sea quien restaure toda relación, porque un amigo vale más que una acción.
Jesús, gracias porque me conoces tal como soy y aun así sigues confiando en mí. Perdóname por las veces en que fallé, por mis promesas incumplidas y por dejarme llevar por el miedo. Hoy quiero pedirte que formes en mí un carácter firme y sincero, que te honre en todo lo que hago. También decido perdonar a quienes me lastimaron, y te entrego cualquier decepción en mi corazón. Gracias porque tú no te rindes conmigo y siempre me das una nueva oportunidad. Amén.
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